29/4/11

Todo laberinto esconde un fin.

-¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.
Jorge Luis Borges.




Ariadna, desde la otra orilla del mundo
contempla, siempre a destiempo,
constelaciones de un viejo continente
y soñándose desnuda sobre sábanas blancas,
navega los catorce mares cerrados
que le separan del enigma de su redentor.

Pero ya no te echo de menos, Teseo.

El redentor, perdido en las atlántidas
sostiene un hilo dorado que no tiene fin
-si acaso el destino tejió un principio-
y recitando versos sobre noches blancas
acuna la memoria de a quien un día amó
hiriendo de eterna soledad al minotauro.

Ya no te echo de menos, Teseo.

El minotauro se ha armado de fuerzas
y ha escondido todos nuestros recuerdos
en los recovecos del laberinto de la memoria
donde ahora yacen las noches en que prometimos
conquistar los océanos de Asterión
e izar banderas con nuestros nombres.

Ya no, Teseo,
ya no se lamenta esta Ariadna.

Toda la mitología que entonces me ofreciste
la he olvidado ya en otros labios.


Victoria Mera.

2 comentarios:

El Aviador Capotado dijo...

Escribe usted muy bien. Ha sido todo un placer visitarla.

Volveré

Saludos

Victoria Mera dijo...

Muchas gracias. Un placer tenerle por aquí. Pase cuando quiera :)
Un saludo.