19/9/11

Quam minimum credula postero.

Toda la vida recogiendo rosas,
tratando de regar el jardín de Whitman,
cubriendo de flores las avenidas de mis piernas,
persiguiendo un Carpe Diem que se desgasta
por el propio paso del tiempo.

Ignorando, quizás, que todo se esconde
tras la inmediatez del verbo
y que todas las conjugaciones
necesitan del presente para respirar.

Desnuda frente al designio de los dioses,
maltrecha y herida de pretéritos
presento mis quejas ante el tribunal del silencio.

No me late. No respiro. No siento.
No pasan las horas cuando el verbo
se detiene y suspende mi cuerpo en el universo.

Por una noche, Leuconoe,
tan sólo por una noche, el tiempo
no araña las paredes del pensamiento.





Victoria Mera.

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