23/10/11

Por qué voy a tener que andar escogiendo mis palabras, manipularlas con guantes blancos, acariciarlas detrás de las orejas y arrastrarlas con dulzura al papel. Por qué no vomitarlas, expulsarlas de mi cuerpo en un grito seco, mandarlas a paseo.

Si aquí es la luna mi custodia y ni tú, ni ese, ni aquel que me mira fijamente existís. En estas cuatro paredes estamos yo y mi papel en blanco. Yo y mi mano. Yo y mi pluma de tinta negra. La misma que va dejando hormiguitas en forma de consonantes y vocales esparcidas por la habitación.

Pero anda que no me voy lejos… Saco una idea del baúl de la memoria y me vienen cientos de ellas. Parece que vinieran unidas, que las pequeñas ideas se aferran con toda su fuerza a la idea central, la idea madre. Y mi mente la incubadora. Y mi boca el paritorio. El asunto es que se pueden parir las ideas con dolor, esto es, a gritos, o también dulcemente, esto es, en susurros. Y esta noche me parece que se viene una de gritar hasta que la garganta diga basta y el alma empiece a tener vértigo.

Victoria Mera.

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