7/11/11

Me debes un verso... no te lo perdono.

Comenzamos por besarnos en París.
Llegaba el frío a nuestros labios
y ninguno de los dos sabía muy bien
a dónde huir o dónde echar raíces
de esas tan código postal
tan nuestros nombres en los buzones.

Nos besamos bajo la noche de Berlín
como un par de adolescentes
borrachos de furia y música.

Después se siguieron los besos
bajo los soportales de Roma,
en los portales oscuros del alba,
en el ágora de la antigua Grecia,
en los laberintos del alma.

Una tarde de septiembre, ¿te acuerdas?
en un hotel cerca de la Alhambra
decidiste que esta boca iba a ser tuya
y rebautizaste con saliva mi espalda.

Te he besado con escarcha en África
me has arropado en la Antártida,
volvimos para volvernos en el Tormes
nos perdimos como los argonatuas
y aparecimos besándonos en aguas mediterráneas
que pronto me llevarían a tu propio atlas.

Supe que estaba totalmente perdida
cuando mezclaste versos de Ruibal
con dulces besos de buenos días
y confirmé mi rendición
entre canciones de Pedro Guerra
y besos sabor a vino en siestas impías.

Bésame, como dice la canción,
bésame mucho.
Quizás no vayamos a morir mañana
pero por si acaso,
dispárame tus besos
no te guardes ni uno solo en la recámara.



Victoria Mera.

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