17/12/11

En sueños comienzan las responsabilidades, por eso asisto perpleja al devenir onírico de mis sábanas. Sólo soy responsable de los actos que sueño, la vida (¿es esto la vida o ya estoy soñando?), tan sólo avanza cuando duermo. Mi reloj no entiende de horas, sino de lunas. Apaga esa estrella, voy a contarte algo:

Sueño con perlas violetas y un caracol que vuela entre los pies de mi abuelo. Revivo incendios que no recuerdo y mi risa retumba entre colchones cansados de mudanzas. Viajo en sueños, sueño que viajo a la infancia. Pienso que jamás quiero volver a despertar, ¿por qué no hacer de mi vida un eterno juego? Pero el tiempo no avisa y de repente me encuentro reescribiendo mi primer poema, sintiendo los primeros miedos, algo que quiere parecerse al amor, algo que es sin duda la muerte. Los pájaros ya revolotean dentro de mí y sé que acabarán por mostrarme las mejores rutas de vuelo.

Sueños con libros, escapadas y valores que uno acaba por perder según avanza el sueño de la vida. Entretanto, los abrazos de mi madre, el olor de mi padre, las canciones que se mezclan con el recuerdo de mis hermanas, la risa contagiosa de mi hermano sobresaliendo en esta fase REM. Caigo en un sueño profundo y es cierto, sólo ahora entiendo de responsabilidades. Sueño que camino por el Paseo de los Tristes, por el boulevard Raspail, por algún barrio de Lisboa. Ante mis ojos se suceden cientos de caras, de momentos que quizá alguna vez fueron verdaderos, quién sabe… ni diez sesiones con el mismísimo Freud podrían aclararme si realmente estoy viva. Supongo que debo estarlo porque es ahora cuando entiendo qué significa la palabra dolor. Sueño con hospitales y Lorca me susurra al oído: “Verde que te quiero verde”. Pero para mí la esperanza nunca tendrá ese color, se parece más al negro de un coche fúnebre. ¿Cómo puede ser que en medio de la muerte nazca el amor? Preguntádselo a él; es él quién fabrica la magia. Capaz de matarme en vida para mantenerme viva en sueños. ¿Entendéis ahora por qué no quiero despertar? Sólo si la monotonía, sólo si sus labios, sólo si la vida urgente.

Sueño y mi vida se proyecta ante mí como una película, ¿Fellini, Truffaut, Hitchcock?

Mírame a través una ventana indiscreta como este sueño-película reflejo de mis días, pero no me despiertes todavía. Los mejores guiones están por escribir.





Texto publicado en "Taller de la Poesía y del Relato, Antología 2011", Editora Regional de Extremadura (2012)




Victoria Mera.

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