22/3/13



Una hormiga se pasea por el libro abierto de Henry Miller deteniéndose por un instante en la palabra quietud.  Voy siguiendo sus pasos por las líneas por si acaso tratara de decirme algo, como si el libro fuera un tablero Ouija y Miller el médium. Me entretengo unos segundos mirando cómo una abeja rechoncha extrae todo el jugo de la vida a una flor amarilla y para cuando me doy cuenta, he perdido la pista de la hormiga quien, imagino, tendrá mejores cosas que hacer que andar comunicándose conmigo. Me río de mis ocurrencias paranormales y arranco una flor que coloco detrás de la oreja izquierda. Yo también quiero lo mejor de la vida.


1 comentario:

El Aviador Capotado dijo...
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